Cerro Porteño, entre su dirigencia mediocre eterna y el robo de árbitros CONMEBOL

Cerro Porteño volvió a eliminarse de la Copa Libertadores, sumando un fracaso más en su centenaria existencia y sepultando un sueño más de, al menos llegar a una final, anhelo que nunca, como siempre, tuvo sustento valorable.

Cerro Porteño, sobre todo su afición deportiva posiblemente mayoría en el país y fuente inmagotable e incomprendida que aun ante reiteradas bofetadas recibidas se mantiene fiel y crece, parece haberse aliado al infortunio. Su eterna dirigencia,, incapaz, mediocre, perdedora, suma los designios fallidos de arbitrajes de CONMEBOL que lo han castigado con dureza y a cara descubierta, sepultando un tímido intento de trascender de éstos jugadores que, con la afición deportiva, son los únicos valorables que muestran la cara en cualquier momento y sobre todo en la adversidad.

La dirigencia azulgrana ha caido una y otra vez, tropezando siempre con la misma piedra. Éstos Zapag son los abanderados del fracaso, son los estandartes de la mayoría de los campeonatos que fueron a parar en la vereda de enfrente. Su pésima gestión ha hecho ridículos en el plano nacional e internacional, sumiento al club, a la institución, en fosas aun más profundas de las que les dejaron sus igualmente nefastos predecesores.

Previo al partido con Mineiro el plantel se negó a concentrar por impago de haberes de más de tres meses. Aún así se logró la clasificación y ahora, ante Fluminense, las deudas seguían tan vivas como los sueños del hincha y el ausentismo de su máxima dirigencia que más asemeja a cobardía y temor por tanta inutilidad demostrada y, por seguro, a demostrar.

Los del vestuario comentan que los Zapag no pueden entrar ahí, que serán repelidos «a patadas» porque no gozan de ninguna simpatía de los jugadores, por ese carácter que tienen de no llegar a los mismos y encima deberles pagos que legítimamente se han acreditado.

Desde 1912 Cerro Portño se dice grande. Pero por su hinchada, por su gente que cada año mastica impotencia al ver a sus seudos dirigentes pasearse campantes entre la mediocridad, la falta de administración que repetidamente desemboca en el fracaso.

Cada año un desencanto, cada año otro sueño renovado y, siempre, con uno u otro mal llamado dirigente que toma los mandos del maltrecho Ciclón, para comenzar otro camino tortuoso, otros tropiezos cuyo final ya es conocido, desde el momento mismo de la clasificación. Cerro Porteño necesita barrer con los inútiles, desde la cabeza y planificar una refundación que implique cambio de estatutos que permitan poner al frente a gente idónea, a un cerrista ganador, no a escombros como éstos y sus antecesores.

A ésta maldición se suma la corrupción y la ineptitud. La CONMEBOL pone árbitros «para impartir justicia» y lo único que hacen es masacrar al equipo con robos escandalosos como ocurrió ante River Plate el año pasado y ahora ante Fluminense en el juego de ida. Y mientras el robo se reitera, el «Presidente» del club en vez de salir a defender a la institución se esconde dejando en evidencia su cobardía e inutilidad para hacer el trabajo para el que se ha comprometido.

Alguna vez la hinchada de Cerro Porteño deberá ser respetada y valorada.

Foto: El desencanto azulgrana ante Fluminense (elcomercio.pe)