Dirigentes furtivos “nuevos ricos», clubes raquíticos empobrecidos

La APF y sus tropelías (VIII) 

Escribe: Alberto Candia 

El fútbol paraguayo es mágico para dirigentes furtivos que de la noche a la mañana se convierten en “nuevos ricos”, mientras obligan a los clubes esqueléticos, raquíticos y empobrecidos a entregarse con todo su patrimonio y memoria histórica incluida.  

El esfuerzo descomunal de varias generaciones, de comunidades fraternas, de barrios enteros, de atletas románticos y desprendidos, que contribuyeron y favorecieron magnánimos sin especular en contratos ni gratificaciones; comprueban de repente que manos extrañas de peludos piratas se apropian de sus entrañas, ese cúmulo de energías y quimeras que invirtieron por su noble creación: la institución.   

La historia de los clubes paraguayos es terrible y abrumadora. Ahí tenemos lo concerniente al club Guarani, donde una familia se turna entre sus miembros y establece una verdadera dinastía para no soltar la mamadera. En 18 años de gobierno ya han realizado más de 60 traspasos, préstamos y definitivos.  

Entre tanto, han vendido o comercializado más de 30 jugadores con diferentes fórmulas y combinaciones. Esos recursos genuinos del club nunca fueron vistos por la masa societaria, pues, han correteado hacia direcciones oscuras, bajo el manto del ocultismo y del secreto bribón. Esto es sin contar con los otros ingresos que son colosales y galácticos para nuestra realidad social y deportiva.  

Muchas providencias tomadas unilateralmente han representado un fracaso estrepitoso, más por necedad e impericia que por serenidad e inteligencia. Evaden su deber y responsabilidad por las decisiones erróneas, cargando al club como “deudas a la familia Acosta”, según los distintos balances presentados.  

Llenar de pasivos al club es una técnica, una estrategia; es el arte de la apropiación planificada, una burda maniobra que ineludiblemente se anulará con una simple auditoría; imparcial y honesta.  

Para tener una idea, estas son algunas transferencias en préstamo y definitivo ejecutadas: Ángel Antonio Ortiz CabreraPablo Junior GiménezIván Enmanuel González FerreiraKenji FukudaFabio Nunes FernandesAureliano Torres RománGilberto Ariel Velázquez GómezJulio César Manzur CaffarenaCarlos Ariel Recalde GonzálezÉdgar Daniel González Britez e Hilario Navarro.  

La lista continúa con: Fernando Andrés CafassoFrancisco Joel Benítez BurgosPaulo Cristian CenturiónJonathan Fabro ZabalaDerlis Alberto González GaleanoJulián Alfonso Benítez FrancoRodrigo TeixeiraJorge Daniel “El Conejo” Benítez GuillénFederico Javier “Ropero” Santander MerelesMarcelo José Palau Miguel Ángel Paniagua Rivarola.  

Sigue el cuadro de negociaciones: Fernando Fabián Fernández AcostaNéstor Abraham Camacho LedesmaJuan Gabriel “Morcilla” Patiño MartínezJorge Darío Mendoza ToralesAlfredo “Santani” AguilarJuan José Aguilar OrzuzaAlberto Cirilo “Piru” Contreras GiménezJoel Alberto Silva Estigarribia y Epifanio Ariel García Duarte.   

Como se ve, el Guarani es una industria de producción pecuniaria y de él se prenden las garrapatas succionadoras con nula inversión en el club. El cacareado campus deportivo no existe, el patrimonio edilicio se está derruyendo y las veredas se están curuvicando. Hasta la iluminación de la cancha, fue producto de una donación realizada por la familia Daher, en memoria de un ancestro, el eterno dirigente-mecenas llamado Don Emilio Daher.                  

El club Libertad es un caso aparte. Después de la caída de la dictadura, el club se vino abajo. Incluso, en 1998 saboreó por primera vez el amargo sabor de la deflación, descendiendo de categoría. Andaba a los tumbos, buscando salvadores, gerenciadores o nuevos mecenas porque las botas de los coroneles y generales se alejaron al caer el régimen de la soldadesca republicana.  

En ese laberinto sin timón, en ese tránsito sin dirección, se produce en el 2000 su ascenso a primera y un poco después, el arribo de un tal Horacio Cartes, invitado por ciertos amigos para que “invierta en el club”. Su llegada fue providencial para la huerta repollera. Al entusiasmarse Horacio con su nuevo juguete, los “dirigentes” se entregaron por completo y no importó el origen de su dinero ni lo valores cívicos ni la razonabilidad de su presencia.  

A pesar de los nefastos antecedentes de HC como ciudadano al margen de la ética y moral, fue bienvenido al club al conocerse de su enorme poder económico. “Aunque el club se transforme en una lavandería, qué importa”, decían muchos liberteños, chochos de la vida al ver que “gastaba por el club”.  

Con esos actos, anestesió a todos. Pasó a ser considerado como una especie de mesías o “salvador institucional”. Los “dirigentes” se transformaron en empleados de Cartes, todos rentados y haciendo oficina en la entidad, incluso, marcando tarjetas, complacidos de “servir al club”. 

Para dirigir el nuevo boliche, arrimó un cierto capital, se trataba del dinero ganado en la clandestinidad y en el submundo fronterizo. Entre sus primeras obras fue echar abajo una estación de servicios Esso, sin importar los convenios con la multinacional. En su lugar levantó algunas obras y sembró atractivos pastizales, iluminó la cancha, pero a cambio, el club quedó trasformado en su hacienda particular.  

Al Libertad lo manejó desde su Banco Amambay, después desde mburuvicha róga. Ubica en la directiva a las personas que le cae en gracia, pero solo a los que responden a sus designios, porque aquí no existen candidatos ni elecciones. Es el club de Horacio Cartes y este “capo” o “jefe” hace lo que quiere. Nadie discute sus desplantes ni sus locuras.   

Los dirigentes dejaron de ser tales porque fueron puestos en el club con salarios de por medio. Así, inauguró la figura del “dirigente rentado”. En consecuencia, en el ejercicio de los cargos hay una relación de patrón-empleado. Estos fueron “contratados” por él, convirtiendo a los dirigentes en simples amanuenses suyos.  

Cartes en sus arrebatos y manejos futbolísticos pretendió ser un émulo de ODD, una misión imposible, porque dentro de sus excentricidades, Osvaldo fue un deportista y sabía lo que hacía en esta disciplina. Hasta en sus entuertos era encantador. Mientras, el club Libertad, se asemeja a un cementerio porque todo el mundo tiene miedo a la argelería de HC. Esta es la sencilla diferencia entre el matungo y el enano. 

El club Libertad pasó a ser su manufactura particular de Horacio, preparó y desarrolló las inferiores, convirtiéndolo en una escuela de formación de jugadores con el único propósito de venderlos al exterior, actividad que ya le generó un montón de recursos pero que nunca se supo el destino de esos fondos. Nadie arriesga a preguntarlo.   

En la era de Cartes-Libertad fueron transferidos más de 40 jugadores de diferentes maneras: José Ariel Núñez PortelliGustavo Gómez PortilloVíctor Hugo Ayala NúñezAnthony Domingo Silva CanoVíctor Javier Cáceres CenturiónNéstor Abrahan Camacho Ledesma y Pablo César Leonardo Velázquez Centurión.  

La lista continúa con Rogerio Luis LeichtweisRobin Ariel Ramírez GonzálezJuan Eduardo Samudio Serna, Adalberto Román Benítez, Pablo Horacio Guiñazu, Justo Wilmar Villar ViverosÉdgar “El Pájaro” Benítez SantanderMiguel Ángel Ramón SamudioCarlos Bonet Cáceres y Cristian Miguel Riveros Núñez.     

También están: Rodrigo Alborno OrtegaRodolfo Vicente Gamarra VarelaIsmael Benegas Arévalos, Jesús Manuel Medina Maldonado, Jorge Luis Moreira FerreiraNery Rubén Bareiro y muchos otros más, que por la extensión del pelotón, omitimos. 

Entre las lindezas de HC y sus obras; bajo el influjo de un espíritu advenedizo y oportunista, al remodelar el centenario estadio de Tujukua arrebató el mítico nombre de “Gorostiaga” y le puso por nombre “Nicolás Leoz”, tirando la historia y la tradición al barranco para que mueran en los humedales del bajo.  

Finalmente, esa postura arribista laceró al club y terminó siendo una vergüenza para la afición deportiva decorosa. (Continuará).

Foto: Acosta y Cartes (ABC Color).

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