El fútbol paraguayo necesita depurarse

La APF y sus tropelías (IX)

Escribe:Alberto Candia:

Con todos los acontecimientos mundiales y regionales que vienen revelándose, pareciera que el final de un “modelo de gestión” está a la vuelta de la esquina. Tiene más de medio siglo y ha sido aplicado para jorobar a propios y extraños.

Sin embargo, ese destape mundial no ha llegado al fútbol paraguayo, donde todo sigue campante, en manos de la gerontocracia de siempre, de sus hijos y nietos. Hay una dinastía que no se renueva, un linaje que se apropió del fútbol y; de generación en generación, van turnándose de mano en mano, obstaculizando la tan anhelada innovación para acceder a un fútbol calificado y de vanguardia.

La sociedad civil está siendo aplastada por estos fantoches, tiranos, megalómanos, gavillas y organizaciones facciosas, aliados al submundo de la marginalidad. Contra estos sujetos el único antídoto es la misma afición, el pueblo, ese conglomerado de gente deportista que debe revelarse contra el sistema putrefacto. Es la hora de levantarse para protagonizar reformas, ese cambio real y profundo tal vital para el despegue.

La transformación estructural se vuelve ineludible y deberá ser inmediata. Y lo más importante, la urgencia se debe a la necesidad de exterminar con el saqueo e impunidad que reina inmisericorde. El francés Jean-François Vilotte, un especialista en cuestiones éticas, considera indispensable “que el movimiento deportivo acepte poner en marcha reformas con estructuras independientes de control”.

En un pasado reciente, el COI (Comité Olímpico Internacional) había sufrido las mismas ráfagas de corrupción y ahora se muestra intratable en cuestiones éticas. El fútbol no escapa de este elemento y necesariamente deberá depurarse si pretende perdurar como el eterno “rey del deporte”. En el Paraguay, un país corrupto hasta la médula, el fútbol se ha convertido en un casino, en un “juego de ruleta” al margen de la ley.

Los usos y costumbres de dirigentes perimidos no condicen con la transparencia exigida por la gente común, por la afición que codicia la salud deportiva. Clubes y federaciones que fueron creadas bajo ciertos parámetros y criterios de independencia en las esferas económicas y políticas de la república, han dictados normas y aplicados reglas propias que en la actualidad se volvieron obsoletas e insostenibles porque sin tapujos se han hundido en la mafia y la descomposición.

Aunque se trate de entidad civil privada, el dinero arribado al club en diferentes conceptos, se considera como un “bien público” y, por ende, debe ser administrado en tal sentido y con absoluta claridad. Cualquier secretismo, ocultamiento, desvío o faltante, supone un delito contra el patrimonio de la entidad, los socios y seguidores.

Ya en Suiza y Estados Unidos fueron tipificados como delito el crimen organizado, el blanqueo o lavado de dinero, el fraude de fondos y la corrupción de los dirigentes deportivos. Esto, antes no había existido lo que alimentó el libertinaje absoluto con que gozaban los dirigentes deportivos “sin fronteras”.

En Paraguay capitanea el hampa sin que la justicia obre, amordazada por la empresa conjunta, el temor y la venganza. Está inerte, paralizada, indiferente, convirtiéndose en alcahuete, accionista y guardiana del mal. El único antídoto para el gansterismo vigente es una intervención profunda y analítica. El rumbo girará. Falta la decisión política.

Por consiguiente, se tendrá que poner al día la legislación en torno al derecho internacional. El mismo Villote sostiene que “cuanto más tarde el movimiento deportivo de muestras de transparencia, mayor será la tentación de los Estados de actuar en el plano penal”. Este es el paso que falta dar en Paraguay, la reforma profunda a través de una “Ley especial”, previa diligencia y arbitraje.

Todo lo que viene sucediendo es apenas la parte visible de un gigantesco iceberg de malversaciones, abusos, mala gestión y negligencias. Las actuaciones dudosas de los presidentes de clubes y federaciones se agravan ante la ausencia de límite de mandatos, de comisión de ética, de transparencia en los contratos y remuneraciones, de la sinceridad en los gastos diversos y de castigos ejemplificadores.

La inexistencia de informes financieros, de auditorías de gestión y de la publicación de los mismos, desnuda a cualquier rendición o informe, volviéndola nula e inútil. Ya el economista galo Vincent Chaudel sentenció que “el deporte conoció un primer Bing Bang con la Ley Bosman” (caso del futbolista belga Jean Marc Bosman, libertad de acción) y asegura que “se podría vivir otro con el Fifagate”.

Según este vicepresidente del think tank europeo (laboratorio de ideas) de la colectividad Deporte y Ciudadanía: “la actual organización del deporte está sin duda en el final de un modelo”. El Paraguay debería poner su marcha en caja quinta para acelerar el proceso antes de que sea tarde, pues nos estamos convirtiendo en furgón de cola, que es igual, al descenso de categoría en caída libre.

Precisamente, el mal del fútbol paraguayo esta esencialmente en la existencia y práctica de un modelo criollo y casero: los “clujára”, aquellos personajes de baja ralea que aterrizan a un determinado club y se quedan “para siempre”, es decir, ya no desean marcharse, apropiándose de toda la estructura para explotarlo económicamente.

Es aquí donde se produce el fenómeno del reclamo de una masa societaria que aspira defender y salvar su institución, afines a la comunidad. Y cuando los socios recurren a la APF, esta se calla y huye, se alía y protege al corsario ocupante del club. Cuando se recurre al SND la misma fórmula o respuesta, se repite la historia. (Continuará)

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Foto: Agencia (IP).