El paraguayo celebra que sea «nuestro» el tereré, la chipa, el guaraní, pero violan niñas indígenas, sus derechos y no reacciona

Hace unos días la Unesco determinó que el tereré, como si fuera necesario, es una tradición de Paraguay. Antes fue la chipa, y después el idioma guaraní, entre otras sabias decisiones tomadas por las organizaciones que se «encargan sabiamente» de éste tema. Varios paraguayos, tal vez la mayoría, es difícil saberlo, celebró las noticias, se expresó feliz por las redes (nuestro sitio de expresión habitual), por poco no salió a las calles a celebrar «la victoria, la gran noticia».

El mismo gobierno, hasta la iglesia católica exageró con sus mensajes en guaraní. Hasta al Papa Francisco le obligaron a rezar el Padrenuestro en guaraní, logrando no solo embarullarlo al pobre Bergoglio, sino que lograron esbozar un fanatismo que no tiene cimientos. Qué tiene que ver que se diga en guaraní o encastellano, si son nuestros dos idiomas oficiales. Es más, se sabe que la gente del interior tal vez no maneja fluidamente la expresión castellana, pero entiende, tal vez mejor que el guaraní, el castellano (o lengua española).

El Ministerio supuestamente de Educación y Ciencias, insiste con las clases de guaraní escrito. Tamaña desfachatez de querer que un alumno que empieza a escribir sepa hacerlo en guaraní, a sabiendas de su grafía dificultosa y complicada. Más bien habría servido que un par de horas a la semana se dedicasen a clases orales con las que se logrará una mayor fluidez de su empleo en parte de la población nacional.

Hoy, como diría Xuxa, todo el mundo está feliz, porque el guaraní, el tereré, la chipa, hasta el akapeté, es nuestro. Las páginas se inundan de patriotismo celebrando tan gratos acontecimientos.

Pero pastores inmundos violaron a niñas idígenas, arbitrariamente el pasaje urbano fue alzado, los políticos se ríen en nuestras caras. Zacarias Irún y «dignísima esposa» saquean las arcas nacionales, Miguel Cuevas dejó los zapatos que reparaba y amaneció millonario desde que fue político, «Trato Apuá» Beto Ovelar y «dignísima esposa» cada fin de mes desangran a los paraguayos con sus sueldos millonarios y el «senador» cuenta descaradamente que compran cédulas. Y solo paramos de contar para no cansar. Y la ciudadanía? Bien gracias. No les inmuta en absoluto, ni que la familia Samaniego, con Lilian a la cabeza, haya mamado del Estado desde tiempos ancestrales ni que el «Dr» Carlos Filizzola a quien le pagamos sus estudios de médico siga esquilmando al país como «senador», sin haber ejercido el fruto de su costosa carrera.

Así que se demuestra una vez más que el paraguayo es raro. No todos por suerte. Parece que «nuestra valentía» quedó en Cerro Corá y en los cañadones chaqueños.

Foto ilustrativa: Moopio.