“El que practica la corrupción sirve al demonio y sus obras, no a Dios”, afirma Mons. Adalberto Martínez en Novenario de Caacupé

Fuerte crítica al narcotráfico y sus consecuencias “que aumentan la brecha de la inequidad, de la corrupción que carcome los beneficios que son para el bienestar de todo el país”, realizó ésta mañana Mons. Adalberto Martínez, Obispo de Villarrica y Caazapá, quien presidió la Misa realizada en la Basílica de Caacupé, en el marco del novenario a la Virgen Serrana.

“El narcotráfico es una ofensa a Dios, puntualizó Mons. Martínez y recordó expresiones del Papa Francisco quien en referencia a los narcotraficantes señaló que “llevan la muerte en el alma, se manifiestan cristianos, pero de cristianos no tienen nada. Son mercaderías de la muerte, los panes contaminados de muerte son la destrucción de la nación”, agregó.

El Obispo de Villarrica y Caazapá añadió que “las drogas ilícitas cuyos réditos económicos se han filtrado en los distintos estamentos, como el tráfico de dinero, de fondos generados en actividades ilícitas e ilegales, esos son lavado de dinero con evasión y evasores. Exhortamos a las autoridades a luchar para sanear estas pandemias de ilícitos y formalizar la economía”.

Pidió a cada ciudadano, al que ejerce su función en el sector privado o público, luchar “para evitar la metástasis del tumor de la corrupción. El que practica la corrupción sirve al demonio y a sus obras, no a Dios. Anteponer la dignidad de la persona humana a cualquier intento de subordinarla a intereses económicos o políticos”

“Honrar el cuerpo de Cristo es proteger a los menores y personas vulnerables, de la pandemia de abusos y maltratos que han aumentado en estos meses de cuarentena y que suceden en muchas veces en entornos familiares. Honrar el cuerpo de Cristo es respetar la vida y libertad de las personas, desde la concepción, desde el vientre, en todas las etapas del ser humano”, apuntó.

Igualmente, Mons. Martínez recordó a los secuestrados Edelio Morínigo, Félix Urbieta Óscar Denis. “Pensamos en sus familiares. En el nombre de Cristo levantamos nuestra mirada al cielo, pedimos, exigimos liberen a los secuestrados. La Iglesia no puede estar ajena al reclamo del pueblo por una vida más digna. Escuchar la palabra de Dios debe hacernos arder el corazón».

Foto: Mons. Adalberto Martínez (Hoy).