El sueño puede esperar! Cerro Porteño en su ciclo tradicional: Eliminación internacional, torneo casero y ventas

Cerro Porteño transita por senderos tradicionales que, por ser tales, a nadie sorprende y no hay ser humano que se enoje: Eliminación de la Copa Libertadores, posicionándose en el torneo casero y vendiendo jugadores que significan refuerzos económicos y debilitamiento del equipo que, seguramente, participará el año que viene en otra competencia internacional en la que, como siempre y por los motivos expuestos, no será prioridad. Y es muy claro: El sueño azulgrana de ganar una copa internacional puede esperar. Y si ya lo hizo 100 años bien puede hacerlo otro centenario.

La dirigencia azulgrana no nació para apostar a un triunfo internacional. No conoce de hambre de gloria, se desentiende de los momentos eternos que traen consigo un logro a nivel mundial. El torneo de casa, Apertura, Clausura, son las apuestas más importantes de éste grupo de dirigentes y de todos los que alguna vez pasaron sin ninguna gloria por la vida institucional azulgrana. Cerro Porteño y su dirigencia nada ambiciosa y sin estirpe para ganar cosas importantes, hasta se ufana de contrataciones de jugadores de relativa valía, como si ello significase el acceso directo a la competitividad que apuntale el logro de anhelos inalcanzados.

Santiago Arzamendia ya se fue al Valladolid de España, «Pulpito» Duarte está a punto de ser traspasado al Tigres de México y «Pika» Lucena, se rasca de ganas de dejar el club en el que no le pagan el sueldo al día y apuesta por emigrar buscando días mejores y cuentas bancarias abultadas, al menos menos existente, lo que su club actual no le garantiza en absoluto. Un deseo totalmente justificado del mediocampista azulgrana que, con los anteriormente mencionados, conforman la estructura del equipo que ya tambalea con ellos y, sin ellos, seguro terminará como siempre, relegando el sueño eterno de ganar cosas importantes.

Cerro Porteño tiene un tesoro en las gradas, en las casas, en las chozas, en esos que enarbolan banderas desteñidas por el paso del tiempo en las campiñas paraguayas, en esos humildes hinchas que se rebuscan para dejar recaudaciones inéditas, plata fresca a la institución, en cada desafío internacinal para el que se les convoque. Plata abundante al alcance de la mano que ingresa a las arcas azulgranas cada vez que comienza otro sueño, aunque el despertar ya sea conocido por todos. La mina de oro del maltrecho Ciclón es su hinchada, desda ayer, desde antes, desde siempre, ignorada y engañada, hasta burlada por los incapaces de siempre que conducen los destinos de la institución tan querida por el pueblo.

Vendrá en enero la asamblea. Se irán éstos, o se quedarán tal vez, qué importa. Cerro está «casado» con el infortunio, la historia lo demuestra. El mote de Ciclón sirve para un día, para una hazaña esporádica, nunca para escribir páginas gloriosas, esas que los hijos difrutarán y que los nietos les mostrarán con gozo a sus amistades. Cerro Porteño y su hinchada, la única que vale en la institución, seguirán soñando despiertos, masticando burlas, engaños, tropiezos, caídas. Iguál estará firme en cada convocatoria renovando el sueño del que terminarán despertando con otro fracaso más. A nadie le importa. El sueño de ser grande a nivel internacional puede esperar. Y que nadie dude que lo seguirá haciendo.