«Juan Pablo hermano llevátelo al tirano»

Estruendosa, clara, potente, así fue la voz del ciudadano, de los Constructores de la Sociedad, reunidos hace 32 años en el predio del entonces Consejo Nacional de Deportes para protestar y escuchar al Papa Juan Pablo II que traía aires de justicia a Paraguay. «Juan Pablo, hermano, llevátelo al tirano» fue el estribillo que reiteradas veces escuchó el Santo Padre y que hizo trizas los oídos de la dictadura de Alfredo Stroessner que comenzaba a tambalear con aquel gran empujón dado por jefe de la Iglesia Católica.

Ridiculizado, el régimen no tuvo otra alternativa que mantener la agenda inicial del Papa en nuestro país, luego de que Karol Wojtyla haya afirmado en Bolivia, previo a su arribo a nuestro país, que no permitiría cambio alguno sobre lo inicialmente establecido. Es que Stroessner y su gavilla de obsecuentes y represores, había ordenado dejar sin efecto el encuentro con los Constructores de la Sociedad, pactada para ese 17 de mayo en el Consejo Nacional de Deportes. Los tristemente célebres «pyragués» tuvieron que retorcerse al escuchar a los estudiantes, empresarios, indígenes que, a sus turnos, ponían al Santo Padre al tanto de sus penurias.

“La vigencia simultánea y solidaria de valores como la paz, la libertad, la justicia y la participación, son requisitos esenciales para poder hablar de una auténtica sociedad democrática, basada en el libre consenso de los ciudadanos. No será posible, por tanto, hablar de verdadera libertad, y menos aún de democracia, donde no exista la participación real de todos los ciudadanos en poder tomar las grandes decisiones que afectan a la vida y al futuro de la nación”, afirmaba el Santo Padre dejando absolutamente en claro de qué lado estaba. Es que Stroessner había, mediante su maquinaria de difusión, intentado hacer creer que Wojtyla venía a verlo a él, a visitarle, no así a la Iglesia ni a los ciudadanos paraguayos. Tremenda estupidez que quedó descubierta cuando el Papa en el mismo Palacio de Gobierno sostuvo:

«No se puede arrinconar a la Iglesia en los templos, ni a Dios en la conciencia de los hombres», frases que ponían a la dictadura al borde del abismo a donde se precipitaría menos de un año después. El 2 de febrero del siguiente año, Stroessner caía. Juan Pablo Segundo había iniciado el derrumbe de la dictadura más prolongada de América.

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