La APF y sus tropelías (III). La APF destruyó al Club Cerro Corá

Escribe: Alberto Candia

“Son actos nulos o anulables, cuando el defecto está determinado a priori por la ley y el vicio es rígido en la mayoría de los casos. Se trata de actos nulos y de nulidad manifiesta. En los actos nulos el vicio se encuentra patente en el acto y no es susceptible de confirmación”.

Cuando las medidas jurídicas no interponen o establecen la equidad y no determinan en favor de ella y el interés general, debido a que la misma estructura judicial actúa como “juez y parte” para cometer los grandes despojos y negociados, el camino a transitar es la decisión política, como medida extrema de salubridad y rectificación.

Por la misma doctrina filosófica, deportiva, ética y moralista, deben ser declarados todos los actos nulos de nulidad absoluta, es decir, falta de valor, fuerza o efecto de una cosa por no estar realizada y ceñida a los principios justos, correctos, limpios y legales.

Debido a su importancia estratégica para la comunidad y el deporte nacional, los clubes afectados deberán volver a su estado natural. Por lo tanto, su patrimonio y recursos de infraestructura, son inembargables y no podrán ser rematados ni confiscados aduciendo formatos jurídicos para hurtar o desposeer un bien perteneciente a una entidad deportiva que cumple un rol vital en una comunidad de personas.

Clubes empeñados, embargados y rematados por doquier, desde la misma APF y personeros inficionados en la estructura liguera, se debaten entre la vida y la muerte, mientras sus “acreedores”, fabricados en su mayoría, gozan de una salud financiera envidiable.

Viejos dirigentes dedicados a la usura, a la transas y a los subterfugios de cualquier índole, están comprometidos en todos los atropellos y frondosos chanchullos, mediante diseños jurídicos preestablecidos.

Por todo lo dicho hasta aquí, es que el deporte en el Paraguay requiere perentoriamente de una “ley especial”, porque la realidad social, psíquica, económica y política, exige un cuadro distinto. El escenario paraguayo para el deporte es único, de ahí que debe ser instituido en forma extraordinaria, específica, exclusiva y diferenciada.

Por acción dolosa o por inacción, por omisión deliberada o por desentendimiento interesado, la APF es culpable desde donde se lo mire. Debería responsabilizarse por su connivencia para producir los efectos maliciosos del saqueo a los patrimonios de los

clubes. La APF no da muestra de higiene, todo lo contrario, avala con su silencio y su falta de acción efectiva.

Al fútbol casero arribaron supuestos dirigentes, todos evasores, contrabandistas, embaucadores, traficantes, aduaneros, matones y dictadores que enviciaron y pervirtieron al fútbol y a todos sus protagonistas.

La mayoría, codeada con popes, está metida en negocios estatales o gubernamentales, en abierta relación con políticos y estamentos públicos, donde llevan a cabo el caudal inmenso de negociados, todo a costa del estado paraguayo.

El caso del club Cerro Cora es un claro ejemplo. Esta entidad, que fuera fundada el 01-03-1925 en honor a la gesta cumbre del heroísmo paraguayo y la muerte en combate del presidente de la república, está siendo inmolada por rateros y delincuentes oportunistas.

Los “rojinegros” fueron por mucho tiempo la entidad predilecta de la I División de Caballería y estuvo amparada bajo el ala militarista, cuando este representaba el poder absoluto en el país. Posteriormente, el poblado de Campo Grande lo acogió como una enseña barrial del deporte rey.

Fue un club importante durante la dictadura stroessnerista y sobre todo, en el gobierno continuista del general Andrés Rodríguez. Cuando advinieron la otra casta, los políticos, cambió el escenario, entonces el club cargó sobre sus hombros el estigma de su portentoso pasado militarista.

Ya blanco de vituperios e indiferencias, la entidad se mantuvo como pudo en medio de un fuego cruzado, siempre bajo su eterno presidente Carlos Pérez Garay, gobernante por más de 20 años. Aguantó de pie furibundas diatribas, infundios, revanchismos y ataques inmisericordes de todo calibre.

Así, la APF y muy especialmente bajo el gobierno de Juan Ángel Napout, se encargó de lanzarlo al precipicio y hacer trizas de su performance institucional, sin importar sus largos años dentro del deporte. Una suerte de argelería de pitucos y vendetta personal.

Literalmente, la APF destruyó al club Cerro Cora y procuró su desaparición como lo hiciera con otras instituciones que nunca se arrodillaron a sus antojos y pasteles amasados. El invento del juicio y posterior remate es el epílogo de un odio visceral.

En medio de una maraña jurídica realizada exprofeso para obtener ventajas y utilidades, finalmente, el club fue llevado al remate el día 08-10-2015. Es el epitafio de todo club que pelea por enaltecer su historia y forcejea a brazo partido contra la mafia institucionalizada de la “Liga”.

Todo lo hecho contra el club Cerro Cora está viciado y por lo tanto es nulo de nulidad. Marito, como presidente de la república, debería intervenir drásticamente esta disciplina estratégica para el Paraguay, clave para cualquier gobierno nacionalista.

Contra la mafia, se debe imponer la “justicia política”, en este caso, para salvaguardar el espíritu y la institucionalidad deportiva y nacional. Todos los delitos posibles se han producido en la matriz, entre ellos: lesión de confianza, apropiación indebida, cohecho, etc. (Continuará)

alcandia@abc.com.py

Foto: Fachada del Club Cerro Corá (ABC Color).