Sábado Santo: Jesús entre la muerte y la resurrección

El Sábado Santo representa para los cristianos otro día de luto, se recuerda el paso de Jesús entre la muerte y la resurrección. Este es el tercer día del Triduo Pascual, que concluye con la llegada del Domingo de Resurrección. Es la conmemoración de Jesús en el sepulcro y su descenso al abismo.

El Sábado Santo es un día de luto, pues se trata de un día de silencio, no hay celebración eucarística. En la Iglesia católica también se conmemora la Soledad de María después de llevar al sepulcro a Cristo, quedando en compañía del Apóstol Juan. Pueden ser expuestas en la Iglesia, a la veneración de los fieles, la imagen de Cristo crucificado, o en el sepulcro, o descendiendo a los Infiernos, ya que ilustran el misterio del Sábado Santo. Hoy la Iglesia se abstiene absolutamente del sacrificio de la Misa, al igual que el Viernes Santo. La Sagrada Comunión puede darse solamente como viático. No se conceda celebrar el Matrimonio, ni administrar otros sacramentos, a excepción de la Penitencia y la Unción de los Enfermos. En algunos lugares durante la noche de vigilia pascual, se realiza de forma simbólica la bendición del fuego y el agua

DESCENSO AL LUGAR DE LOS MUERTOS
Por Pbro. Francisco Silva

Dentro de nuestra práctica religiosa popular, el sábado se suele dejar
para sentir el silencio de María, quien acompañó a su Hijo en los

momentos de dolor y de alegría. Sobre todo, sólo pensar en el mo-
mento en que María recibe en sus brazos el cuerpo de su Hijo, nos

estremece el alma. Jesús, quien es depositado en la tumba, se aban-
dona en las manos de Dios en silencio.

¿Quiénes sepultan el cuerpo de Jesús?
Nicodemo y José, con otras personas, fueron a bajar el cuerpo de
Jesús. La Virgen María estaba de nuevo ahí, al pie de la cruz, mirando

a su Hijo, no quiso abandonarlo, sino que per valentía y amor perse-
veró hasta el final. En ella el “Todopoderoso obró grandes cosas” (Lc

1,49); grande fue el dolor, como grande fue la gracia que recibió de

Dios para soportar con serenidad tanta injusticia, con sabor a reden-
ción.

Descendió a los infiernos
En muchas ocasiones escuché expresarse a la gente, qué significa

que Jesús descendió a los infiernos. Cómo Dios permitiría que des-
cendiese a los infiernos, si ahí están los malos, los condenados.

En las Sagradas Escrituras encontraremos en varias partes del Anti-
guo Testamento que todos los muertos enterrados habitaban en la

mansión de los muertos o infierno. Pero ahí estaban los buenos y los

malos, todos iban a esa mansión. La palabra en latín “infernus” o infe-
ri hace referencia a lo que está debajo de la tierra, no precisamente

los condenados, sería lo que nosotros conocemos como cementerio.
Pero en el caso de Jesús baja a ese lugar para rescatar a los justos.
Cuando Jesús murió en la cruz, su alma unida a la divinidad, al Hijo

de Dios, bajó a libertar a las personas justas, que le estaban esperan-
do ansiosamente.

En expresiones gráficas, podríamos expresar así: Él mismo rompió la
cárcel y soltó a los presos. Eran tantas personas quienes en aquel

momento recibieron la libertad y la vida eterna. Habían pasado mu-
chos siglos desde Adán, muchísimas personas estaban esperando al

Mesías Redentor, que creían en Él dando testimonio del Mesías, así
tenemos a reyes, profetas, patriarcas, jefes y otras tantas personas

La Semana Mayor de la Iglesia Católica
que daban testimonio de generación en generación por la llegada del
Mesías y lo que traería a la humanidad.
Tanta alegría genera el Señor por su paso, porque “por donde Dios
pasa, todo se transforma, nada (ni nadie) queda igual”. Y todas estas
personas al ser rescatadas a la verdadera libertad eterna, están tan
agradecidas y felices, que palabra humana nunca expresará del todo
tal acontecimiento.