Último bolí kuñá: Robert Harrison, Javier Díaz de Vivar, Enrique Sánchez

Paraguay cayó 4-0 ante Bolivia este jueves por el selectivo a Qatar 2022 y se relega a sitiales de eliminación acostumbrados en cada eliminatoria jugada. Muchos piden la salida, renuncia, lo que sea del director técnico argentino Eduardo Berizzo, pero pocos se detienen a pensar que el «líder» de éstos últimos fracasos tiene nombre y apellido: Robert Harrison. (Último Bolí kuñá, un dicho popular que no pretende faltarle el respeto a la gran nación boliviana, sino indicar lo pésimo del accionar de un paraguayo, frase engendrada tras la guerra del Chaco, contienda bélica que nada tiene que ver con el deporte).

Y junto a éste desacreditado dirigente como Robert Harrison están escorias como Javier Díaz de Vivar «miembro del poderoso Comité Ejecutivo de la APF» y el pasapaleles Enrique Sánchez, ambos «dirigentes» de la dirección de selecciones, reverendos inútiles que solo sirven para facturar con viáticos millonarios (amén de otras facturas), en cada viaje de la frondosas delegaciones paraguayas al extranjero.

Es triste lo de la selección paraguaya. Y es más triste aún porque todos, o casi todos, apuntan al técnico como el principal responsable. Pero antes fue Chiqui Arce, también el odioso Pelusso, cualquiera, pero nadie se pregunta por qué. Todos ellos fueron puestos en esos lugares por dirigentes fracasados, inútiles, desechables como Robert Harrison y compañía de pasapapeles tirables al basurero.

Y suma y sigue. Paraguay ya está fuera del Mundial Qatar 2022, pero «nosotros» pateamos al técnico. Es para reir. O llorar, porque no se entiende por qué impensadas razones, muchos «monstruos» del periodismo no apuntal al presidente de la APF. No decimos luego de los dirigentes porque todos, o casi todos, tienen su «mensualidad» o viáticos apetecibles, en ciudades que por sus propios medios no podrían conocer ni en sueños. Pero por sus votos en la asamblea para ratificar los robos, si.

Paraguay está fuera del Mundial no por Berizzo. Por sus jefes que facturan millones y los que no los denuncian. Así, como en la política, es difícil mirar horizontes mejores.

Foto: Enrique Sánchez y Robert Harrison (Hoy).